Hotel Park Hyatt de Tokio, locación de Lost In Transalation.

Hotel Park Hyatt de Tokio, locación de Lost In Transalation.

Los hoteles y el cine tienen algo en común: las estrellas. Y los dos han decidido sacar partido a tan galáctica coincidencia. Cintas como "Room Service", de los hermanos Marx, o la comedia coral "Four Rooms" han encerrado sus tramas en los pasillos de un hotel, mientras en la localidad californiana de Long Pine, en cambio, promocionan las habitaciones del Dow Villa Motel porque allí, tierra de desierto, se alojaba John Wayne durante el rodaje de algunos de sus clásicos.

En San Francisco, el hotel donde Hitchcok rodó "Vértigo" acabó adoptando el nombre de la propia película, mientras Las Vegas, ciudad culmen de la arquitectura hotelera -con sus casinos dentro, por supuesto-, ha sido plató infinidad de películas, entre ellas la saga de "Ocean's Eleven", que elegía el hotel Bellagio y sus fuentes danzantes para dar el gran golpe.

QUIERO ESTAR SOLA... EN UN GRAN HOTEL DE BERLÍN

En 1932, Hollywood decidió sumar a las cinco estrellas del "Grand Hotel" a todas las de su propio firmamento: Greta Garbo, John y Lionel Barrymore, Joan Crawford y Wallace Berry confluían en un lujoso establecimiento hotelero de Berlín. Para la eternidad, la frase de la Garbo "quiero estar sola" y el Óscar que ganó la cinta a la mejor película de su año.

También ganó ese mismo premio, aunque en 1972, "The Godfather", en la que el Edison Hotel de Nueva York era escenario de un brutal asesinato... y de una matanza, precisamente la del Día de San Valentín, huían Jack Lemmon y Tony Curis en "Some Like It Hot" para acabar travestidos en el Hotel del Coronado, en San Diego.

ROMANCES CON SERVICIO DE HABITACIÓN

Los hoteles también son templos del amor y el sexo, por lo que Julia Roberts y Richard Gere en "Pretty Woman" dispararon las visitas al Regent Beverly Wilshire Hotel, en cuya bañera redonda la actriz de la sonrisa más famosa de Hollywood se daba un baño de espuma.

Sofia Coppola, que pasó parte de su infancia de hotel en hotel y siempre se ha sentido fascinada por la vida efímera que allí habita, consagró su rara habilidad para extraer la belleza de lo mínimo en "Lost in Translation", película en la que una joven estadounidense recién casada -Scarlett Johansson- y un actor maduro -Bill Murray- se encuentran tan fuera del mundo que desembocan en una atípica y muy sutil historia de amor.

Entre el exotismo urbano de Tokio, el Park Hyatt de la capital japonesa hacía las veces de hogar, con lugares tan publicitados a posteriori como su cafetería, el New York Bar, tan fotogénica como prohibitiva por sus altos precios. 

TURISMO DE PESADILLA

Pagar por tu peor pesadilla, aunque no lo parezca, también puede llegar a ser un reclamo turístico. Mientras el Motel Bates fue recreado en un estudio por el equipo de Hitchcock -y construido después como atracción en el parque temático de los estudios Universal- varios hoteles se apuntan el tanto de estar vinculados a uno de los alojamientos cinematográficamente más aterradores del mundo: el que cuida Jack Nicholson en "The Shinning", adaptación de la novela de Stephen King realizada por Stanley Kubrick.

Stanley se llamaba, curiosamente, el hotel de Colorado en el que King escribió parte de su terrorífica trama y, en él, la habitación 217 es la estrella, pues allí se alojó el autor.

Pero los verdaderos pasillos por los que correteaba el pequeño Danny con su triciclo y se topaba con las inquietantes gemelas estaban en el hotel Timberline, en el estado de Oregón. Los dueños del hotel pidieron a Kubrick que cambiara la habitación 217 por la 237, que en realidad no existía y que, de lo contrario, estaría condenada a la superstición.

MUERTE EN VENECIA... Y FACTURA SIN PAGAR

El hotel que más ha achacado la mitología que encerró su papel como plató cinematográfico ha sido el Hotel des Bains del Lido veneciano. Allí Visconti rodó su magistral "Morte a Venezia", adaptación del libro de Thomas Mann en la que un compositor aristócrata acaba muriendo en una playa veneciana obsesionado por la perfección física de un adolescente que también reside en ese mismo hotel.

Hoy en día, el Hotel des Bains está en plena reforma para reconvertirse es lujosos apartamentos, pero durante años fue objeto de una macabra peregrinación: convertida la película y el libro en verdaderos iconos de la cultura gay, se produjo un goteo insistente de homosexuales que, en un último estertor de lujosa decadencia, se alojaban en las mejores habitaciones del hotel antes de suicidarse... y dejar las facturas sin pagar, claro.